INTRODUCCIÓN
En los primeros años del siglo XX, una serie de grupos de pintores jóvenes empiezan a buscar un nuevo lenguaje estético, que sea coherente con la nueva sociedad del siglo XX, en la que se encuentran los automóviles, los cines, los aviones, etc. Buscan un arte que pueda satisfacer al ser humano moderno, al nacido de la civilización industrial. El camino que emprenden tiene una doble dirección, por un lado la de desmontar los valores del arte tradicional, en apariencia inamovibles, y por el otro, la de concretar alternativas en la búsqueda de un nuevo arte, acorde al nuevo siglo.
El nuevo arte del período queda al margen de cualquier dogma o principio universal, disgregándose en un montón de tendencias distintas que se suceden vertiginosamente y conviven en el tiempo y en el espacio. Muchas de ellas son contradictorias entre sí, pero comparten un carácter radicalmente innovador, son las vanguardias, llamadas así por ir por delante del gusto predominante. El Impresionismo fue el último de los estilos unitarios, tras él, predomina la diferencia entre los artistas. El arte del siglo XX, condicionado por las transformaciones políticas y socioeconómicas, se democratiza también, ya que ahora se dirige a todas las conciencias estéticas, no solamente a los grupos de poderosos.
Las vanguardias tienen en común la búsqueda de un nuevo lenguaje expresivo, de nuevos temas y, ante todo la defensa de la libertad del artista. Fueron corrientes de creación que buscaban abrir caminos nuevos en la expresión artística, ya que para ellas el fin del arte no es representar la naturaleza o la historia, sino para que el artista exprese su interior. Las vanguardias fueron muy numerosas, pero pueden sintetizarse en dos posiciones básicas, por un lado, las que buscan respuestas a sus preguntas mediante el uso de la razón, como el Racionalismo, el Neoplasticismo o el Cubismo y, por otro, las que las buscan mediante la utilización de la emoción, como el Expresionismo, el Dadaísmo o el Surrealismo.
Los iniciadores de las vanguardias se conocían y convivían entre ellos y, aunque cada uno defendía su punto de vista, solía comprender y respetar la valoración estética de los demás. Una gran parte de estos artistas que conformaron las vanguardias, viven en el París de los primeros años del siglo XX, con lo que esta ciudad se convierte en el centro del arte.
La mayoría de estos movimientos nacen en su momento como “malditos” en los primeros años, pero luego son plenamente aceptados por el público. Por último, cabe destacar que ningún artista permaneció en un estilo de forma inmutable a lo largo de su carrera, por lo que resulta más correcto hablar de diferentes etapas dentro de la trayectoria personal de cada uno de ellos. No debemos olvidar en ningún momento que, ante todo se trata de un arte individual, por lo que cada artista experimenta a su manera.
Entre estas vanguardias o “ismos” de los primeros años del siglo XX cabe destacar el Fauvismo, el Expresionismo, el Cubismo, el Futurismo, el Dadaísmo, el Surrealismo y la Abstracción.
I. Fauvismo (Francia / 1905-1908)
Fue la vanguardia que abrió el arte del siglo XX y cerró el del siglo anterior, puesto que los pintores que siguieron esta tendencia se inspiraron en las fuentes postimpresionistas. Su nombre viene del apelativo francés “fauve” (fiera), dado por un crítico en la primera exposición que realizaron en París, ante la extrema violencia del color de los cuadros. Como movimiento artístico no duró más de cinco años, pero como estilo ejerció una influencia mayor y más persistente en el uso del dibujo y el color que cualquiera otra escuela del siglo XX.
Se trata de un movimiento exclusivo de la pintura, ya que se basa en la exaltación suprema del color, que adquiere una fuerza visual tremenda. Para los fauvistas, el ingrediente esencial del cuadro es el color, es lo que define a la pintura, por lo que llegan a independizarlo del objeto, como ya había hecho Gauguin al pintar un caballo azul, por ejemplo.
El color lo aplican siempre puro, sin mezclar, llegando en ocasiones a pasarlo directamente del tubo al lienzo. La luz desaparece de los cuadros, por lo que tampoco hay sombras, lo mismo que la profundidad, con lo que así las composiciones tienden al plano único, como ya había planteado Gauguin que, junto a Van Gogh, es el más claro precedente del movimiento.
Pero las fauvistas también valoran el objeto, ya que sino, éste se perdería entre los colores, debido a lo cual, la línea recupera su energía con trazos gruesos y nítidos. Valoran también el sentimiento que la forma y el color del objeto representado, provocan en el espectador.
El máximo representante del movimiento es Henri Matisse, aunque tuvo muchos seguidores, como Derain, Valminck, Dufy, etc. Matisse rechaza en sus cuadros cualquier volumen que se opusiera a la forma plana del lienzo, ya que no le interesa ni la perspectiva ni la profundidad, centrando toda su atención en el color, con el que busca proporcionar al espectador paz, quietud, calma y silencio. En su obra “Armonía en rojo, la sobremesa” de 1908, representa una escena de un interior, en la que aparece una mujer, una serie de objetos (entroncarían con las naturalezas muertas) y una ventana a través de la que se vislumbra un paisaje. En este cuadro puede observarse la aplicación de colores intensos en áreas planas y, que el color lo invade todo, llegando a confundir los objetos, debido a lo que emplea la línea curva, sinuosa, para delimitarlos y que no se pierdan o confundan. La única sensación de profundidad se limita a la ventana superior. No hay sombras ni gradaciones tonales, usa la mancha plana de color en ocasiones con grumos y empastada, lo que le confiere un gran valor plástico y matérico. Destaca también la decoración en forma de arabesco, que nos habla del valor que el maestro otorga al elemento ornamental, despreciado por otros artistas.
En el año 1910 pinta “La Danza”, en la que una serie de figuras aparecen enlazadas en un alarde de simplificación radical del dibujo, como si fuesen arabescos, líneas sinuosas. Se trata de un enorme mural, en el que hay pocos colores, dispuestos en amplias superficies, como tratando de envolver al espectador en el colorido contrastado.
II. Expresionismo (Alemania / 1905-1925)
Fue un movimiento artístico plástico emparentado con la literatura; nace en 1890 en Alemania y en los países del norte de Europa, se extiende hasta bien entrado el siglo XX. Destacan en este movimiento los artistas plásticos Edward Munch, Gustav Kimt, Oskar Kokochka, Emil Nolde y Georges Rouault.
La pintura expresionista busca y logra expresar violentas emociones, va de adentro hacia afuera, al contrario del impresionismo que va desde afuera hacia adentro. Su objetivo fundamental era crear impetuosas reacciones en el espectador, por medio de sentimientos y emociones del artista, expresados con audacia de formas y rígido colorido.
El término Expresionismo comienza a cobrar fuerza en 1911 cuando en una exposición llevada a cabo en Berlín se designó con este apelativo el área dedicada a los pintores fauves, pero pronto pasaría a ser utilizado genéricamente para referirse a todas las corrientes modernas imperantes en esa época. En la actualidad se utiliza especialmente en relación con los artistas alemanes de los grupos “El Puente” y “El Jinete Azul” organizados en 1905 en Dresde y en 1911 en Munich respectivamente, así como el trabajo de algunos artistas de fuera de Alemania quienes se acogieron o coincidieron por aquel entonces con la idea de que la expresión de sentimientos y emociones es la verdadera meta de las obras de arte. En su trabajo se subordina técnica y tema en favor de la expresión personal, generalmente a través de componentes como la oscuridad y el misterio.
Expresionismo, no obstante, es un vocablo que después de acuñado (por Herwarth Walden, director de la revista Sturm) ha sido empleado igualmente para referirse a expresivos énfasis y distorsiones que pueden hallarse en las artes visuales de muchos períodos. Por ejemplo, se dice que son expresionistas las obras de Mathias Grünewald y de El Greco, y también que lo son los trabajos de Jackson Pollock y el Guernica de Pablo Picasso. En este sentido el término es equiparable a Romanticismo y Barroco, puesto que se utiliza como un concepto crítico y estético aludiendo a sus connotaciones más generales.
Pero volviendo al sentido que interesa en este escrito el Expresionismo fue un movimiento deliberadamente opuesto a la fiel representación de la naturaleza y empeñado en cambio en la comunicación de tensión y emociones como propósito primordial del arte. La intuición de dar un sentido psicológico y simbólico a sus obras llevó a los artistas de este movimiento a sacrificar cualquier tipo de orden y equilibrio ante su ímpetu distorsionante, así como a utilizar línea, forma y color por sus posibilidades expresivas y no como medios simplemente interpretativos.
Entre los más cercanos precursores del Expresionismo se cuentan: aparte de Van Gogh el artista noruego Edward Munch y el belga James Ensor, y entre sus más destacados exponentes figuran Ernst Ludwig Kirchner, Karl Schmidt-Rottluff, Erich Heckel, Emil Nolde y Max Pechstein (integrantes de El Puente) y Wassily Kandinsky, Alexey von Jawlensky, Franz Marc, Paul Klee y August Macke (integrantes de El Jínete Azul, así como el pintor austríaco Oscar Kokoschka y el ruso radicado en Francia, Chaim Soutine. Los escultores Whilhelm Lehmbruck y Ernst Barlach también se clasifican con frecuencia dentro de esta corriente. Algunos autores extienden el Expresionismo hasta cubrir los pintores del movimiento Nueva Objetividad, Georg Grosz, Otto Dix y Max Beckmann, dadas sus continuas distorsiones y exageraciones, a pesar de propender esta vertiente por una representación más detallada de la realidad.
III. Cubismo (Francia / 1907-1914)
El Impresionismo parece marcar un punto de inflexión entre el arte tradicional y el contemporáneo, ya que después de él, los postimpresionistas abren los caminos hacia la vanguardia de los primeros años del siglo XX. Pese a ello, el arte nunca dejó de emplear como punto de referencia la realidad circundante. Tan sólo la aparición del cubismo, hará que el arte deje de ser intérprete de la naturaleza exterior. Se trata de un movimiento de vanguardia que se desarrolla fundamentalmente entre los años 1907 y 1920, aunque tuvo una gran repercusión en muchos y variados artistas posteriores.
El cubismo fue un movimiento netamente intelectual, mental y, en ese sentido supone una vuelta al rigor analítico propio del Renacimiento cuatrocentista. Se aleja por completo de cualquier pretensión de reflejar la naturaleza, reivindicando el papel del arte por sí mismo y como medio de expresar las ideas. En su afán por captar la esencia de las cosas más allá de su simple apariencia, las reinterpreta de una forma racional y geométrica. Así el artista, rellena los huecos que nuestro ojo no percibe.
Entre los antecedentes del cubismo nos encontramos con las experiencias de Cézannne, al reducir las formas de la naturaleza a referencias geométricas, como el cilindro, el cono o la esfera.
En su afán por captar la esencia de las cosas, más allá de su apariencia, los pintores cubistas rechazan la perspectiva convencional, al considerarla artificiosa. Superponen los planos y enfocan los objetos desde distintos puntos de vista. Es como si pretendiesen captar todos los posibles ángulos y puntos de vista de un objeto, incluso los que son invisibles, intentando plasmar la cuarta dimensión, o lo que es lo mismo, la suma de todas las perspectivas. Como consecuencia de ello, aparece la multiplicación de planos característica del movimiento, que da a estas obras su apariencia de rompecabezas. Esto, junto a la geometrización de los objetos, a través de la reducción de las formas a las geométricas elementales, son sus principales huellas de identidad. Los cubistas crearon la superposición a través de la visión polifacética y simultánea del objeto.
Priman la línea y la forma (ya que son los aspectos inteligibles y racionales de cualquier objeto, y por tanto, inmutables, las idóneas para plasmar esa buscada esencia) sobre el color y la luz. Debido a ello los colores en ocasiones son neutros, como los grises, los blancos, los marrones, etc., y la luz desaparece de los lienzos. Al igual que los fauvistas, exaltan la importancia del plano y, van a usar nuevos procedimientos expresivos, como el “Collage” (papel pegado), ideado por Braque, el pintor que inicia el cubismo, junto al gran maestro Pablo Picasso. Otros destacados artistas cubistas fueron Juan Gris, Fernand Léger, y el argentino Emilio Pettoruti entre otros.
Dentro de la evolución del cubismo y de la mano de Picasso y Braque suelen distinguirse dos fases, la del denominado “Cubismo analítico” y la del “Cubismo Sintético”. El “Cubismo Analítico” se caracteriza por la descomposición de las figuras en formas geométricas, que luego se reordenan como si fuese un puzzle. Las estructuras geométricas aparecen fragmentadas como si contemplásemos un espejo roto. Los objetos aparecen descompuestos por efecto de los múltiples puntos de vista. La atención se centra en la forma del objeto, pero no en su color, por lo que hay una tendencia acusada a la severidad cromática con los ocres y los grises. Los fondos y las figuras se unifican en su tratamiento, acentuando así el carácter autónomo del cuadro, lejos de la ilusión de profundidad de la perspectiva tradicional, con lo que tampoco hay representación del volumen. Se trata de un estilo austero y anti ilusionista. Ejemplos de Cubismo analítico son las obras realizadas por Picasso y Braque en los años 1910-1912, como por ejemplo “Retrato de Vollard”, y “Muchacha con mandolina” de Picasso y “Hombre con guitarra” de Braque.
Hacia el año 1912 hacen su aparición en la pintura cubista las letras, las cifras y el collage, que sirven de contrapuntos reales a la otra realidad que es la pintura. La utilización del collage supuso un duro golpe a los medios pictóricos tradicionales y al concepto de pintura como imitación de la realidad exterior a ella. Los cubistas, lo usarán de diferentes formas, como simples planos de color, como representación o sugestión de objetos por analogía (por la forma de recortarlos, por los materiales imitativos como madera o mármol, etc.), o simplemente como realidad trasladada al cuadro, como el periódico, el paquete de tabaco, la etiqueta de una botella, etc.
Del collage arrancó la segunda fase cubista, la del “Cubismo Sintético”, en la que el pintor ya no parte del análisis de un motivo en particular, sino de los materiales pictóricos con los que organiza el motivo. Crean collages, cuadros que además de imagen incorporan elementos materiales en relación con el tema representado. Se enriquece mucho el cuadro al provocar contrastes de texturas y representar mejor la esencia de los objetos. Tal vez una de las obras maestras de esta fase sea “Los Tres Músicos” de Picasso.
Tanto Picasso como Braque realizaron esculturas cubistas, como “Fernande” de Picasso o “Mujer de pie” de Braque, caracterizadas por insertar diferentes volúmenes en los que descomponen el objeto y luego lo rehacen teniendo en cuenta el hueco como elemento que forma parte también de la escultura.
Posteriormente a la desaparición del movimiento, otros estilos y vanguardias van a tomar elementos del estilo para adaptarlos a sus peculiares maneras de entender el arte, como fue el caso de Archipenko en la escultura o del orfismo de Delaunay, y del futurismo de Boccioni y Carrá. Incluso en la obra de Picasso, pese a no adscribirse con claridad a ningún movimiento, el estilo deja huella, como podemos ver en obras como el Guernica, que tiene reminiscencias de su etapa cubista.
IV. Futurismo (Italia / 1909 - 1918)
Se trata de un movimiento de la vanguardia de los primeros años del siglo XX de origen y difusión eminentemente italiana. Pertenecieron a él, escritores, artistas plásticos y músicos antiacademicistas reunidos en torno al escritor Marinetti. Éste fue un escritor, tanto poeta como novelista italiano muy polémico que, en el año 1909 dio a conocer un “Manifiesto futurista” en el que condena la cultura del pasado (que tenía un enorme peso en Italia) y canta las excelencias de la sociedad industrial, elogiando la máquina y la velocidad. Posteriormente, en el año 1910 publicó junto a los artistas Boccioni, Carrá, Russolo, Severini y Balla el “Manifiesto técnico de la pintura futurista”, y a partir del año siguiente comenzaron a exponer conjuntamente. El movimiento murió tras la Primera Guerra Mundial, pese a que estos artistas confiaban en ella como elemento destructor del mundo anterior, para que surgiese uno nuevo, más en consonancia con los nuevos tiempos que les tocaba vivir.
Tal vez pueda ser considerada como la primera vanguardia moderna auténticamente agresiva, porque busca la completa disolución del vínculo del artista con el pasado y, anuncia un arte y un mundo más en consonancia con el paisaje urbano; su propósito era despertar a Italia de la apatía cultural en que estaba sumida desde fines del siglo XVIII, atacaba a los museos y academias, al culto de lo antiguo y a todo el arte italiano de otros tiempos.
Sus adeptos, integran pintura y escultura con la música y la literatura y, quizás su principal asunto en común sea la insistencia en el tema de la velocidad como expresión de la vorágine de la vida moderna, a la que glorifican.
El símbolo más venerado por los futuristas era el automóvil de carreras; en esencia la pintura futurista era retrato del movimiento relacionado con el cubismo analítico por su fragmentación, pero así como el cubista ve un objeto estático desde varios ángulos moviéndose alrededor de él, en el futurismo el espectador está quieto mientras el objeto se mueve. Por tanto, en el dibujo, la representación futurista del movimiento simultáneo de un perro que trota por la calle, puede tener veinte patas y seis colas, con efecto parecido al de una larga exposición fotográfica de algún objeto que se mueve. Queriendo representar el sonido, lo intentan plasmar a base de ondas sucesivas y el color lo muestran a base de una vibración de forma prismática. Utilizaron la “performance” para llamar la atención al público convencional, convirtiendo así a los artistas en intérpretes, buscando la provocación y encontrándose con la interacción con el público que solía arrojarles todo tipo de objetos que encontraba a mano.
Dentro de las obras futuristas, destacaremos la escultura ”El hombre que camina” realizada en 1913 por Boccioni, una de las más notables creaciones del movimiento. Se trata de, a través del bronce, plasmar la noción de movimiento, de velocidad, ya que “todo se mueve, todo corre, todo se transforma rápidamente”. La escultura muestra la continuidad dinámica de las formas, ya que no ofrece los perfiles rígidos de las esculturas inmóviles. Puede tratarse de una obra simbólica, el de un hombre que avanza hacia el futuro de forma contundente, clara y precisa, a paso rápido, con dinamismo. Las formas se multiplican, ya que Boccioni le coloca una especie de ropajes movidos por el viento que permite al espectador reconocer el movimiento y la fuerza que emanan de la figura, verdaderos protagonistas de la obra.
V. Dadaísmo (Suiza- Alemania / 1916-1922)
Es una corriente artística no racional; una de las vanguardias de los primeros años del siglo XX, que se basa en una rebelión contra las normas y la lógica. Se origina en el año 1916 en un hotel de Zurich, Suiza, de la mano del poeta Tristan Tzara, en el que coinciden personas diferentes entre sí, como artistas de vanguardia, exiliados políticos, desertores, etc. con una intención común. Es el movimiento de ruptura más radical del arte contemporáneo, ya que niega el valor del propio arte buscando un antiarte en sus producciones. En su fundación confluyen la decepción ante la situación mundial, el desencanto personal de una serie de pintores escasamente considerados y el deseo de llevar a la pintura la destrucción que asolaba Europa.
Tuvo su área de influencia no sólo en el arte gráfico sino que también en la música; y surge como consecuencia de la quiebra de valores. El movimiento dadaísta es un movimiento antiartístico, antiliterario y antipoético porque cuestionan la existencia del arte, la literatura y la poesía. Por definición, cuestionan el propio dadaísmo.
El poema dadaísta suele ser una sucesión de palabras y sonidos, lo que hace difícil encontrarle lógica. Se distingue por: la inclinación hacia lo dudoso, terrorismo, muerte y nihilismo, lo fantasioso, busca renovar la expresión mediante el empleo de materiales inusuales o manejando planos de pensamientos antes no mezclables y tiene una tónica general de rebeldía o destrucción.
Con Dada entramos en el terreno de lo irracional y lo ilógico. Las armas de los dadaístas fueron el humor, el valor del azar, la provocación y el escándalo, negando el valor del arte como un objeto valioso, ya que cualquier cosa puede convertirse en objeto artístico. Niegan la belleza de las obras de arte, consideradas como eternas, son contrarios a los valores universales, defendiendo lo espontáneo y lo aleatorio, pero sobre todo la individualidad absoluta del artista.
Artistas reconocidos de este movimiento fueron: Tristan Tzara y Marcel Jank de Rumania, el francés Jean Arp y los alemanes Hugo Ball, Hans Richter y Richard Huelsenbeck. Tras varios encuentros informales en distintos cafés, empezó a tomar forma la idea de crear un cabaret internacional. La primera celebración tuvo lugar el 5 de febrero de 1916 en el Cabaret Voltaire, y consistió en un espectáculo de variedades con canciones francesas y alemanas, música rusa, música negra y exposiciones de arte. El origen del término Dadaísmo es confuso. La versión más aceptada dice que este grupo de artistas, que buscaban el nombre del movimiento, abrieron un diccionario de Francés-Alemán al azar y señalaron una palabra. La palabra que apareció fue "dada", que en francés significa caballito de juguete, y fue adoptada para designar al grupo. "...El primer sonido que dice el niño expresa el primitivismo, el empezar desde cero, lo que nuestro arte tiene de nuevo". En ese mismo año se publicó un panfleto titulado Cabaret Voltaire conteniendo aportaciones de Guillaume Apollinaire, Filippo Tommaso Marinetti, Pablo Picasso, Amedeo Modigliani y Wassily Kandinsky; en la cubierta aparecía un dibujo de Arp. En 1917 se inauguró la Galería Dadá y Tristán Tzara comenzó la publicación.
Dadá se manifiesta contra la belleza eterna, contra la eternidad de los principios, contra las leyes de la lógica, contra la inmovilidad del pensamiento, contra la pureza de los conceptos abstractos y contra lo universal en general. Propugna, en cambio, la desenfrenada libertad del individuo, la espontaneidad, lo inmediato, actual y aleatorio, la crónica contra la intemporalidad, la contradicción, el no donde los demás dicen sí y el sí donde los demás dicen no; defiende el caos contra el orden y la imperfección contra la perfección. Por tanto en su rigor negativo también está contra el modernismo, es decir, el expresionismo, el cubismo, el futurismo y el abstraccionismo, acusándolos, en última instancia, de ser sucedáneos de cuanto ha sido destruido o está a punto de serlo. La estética dadá niega la razón, el sentido, la construcción del consciente. Sus formas expresivas son el gesto, el escándalo, la provocación. Para dadá la poesía está en la acción y las fronteras entre arte y vida deben ser abolidas.
Decepcionados de la sociedad burguesa, culpable de la guerra y del manido arte a su servicio, los artistas de este movimiento tendieron a desacreditar el objeto de arte produciendo en cambio objetos anti-arte (como la famosa plancha con tachuelas por debajo de Man Ray) y enfatizando los "gestos" o "acciones" como experiencias creativas. Francis Picabia, por ejemplo, trabajó intensamente en la presentación del objeto Dadá como obra teatral.
Marcel Duchamp, fue un pintor dadaísta francés, que desde Nueva York reivindica lo absurdo de sus creaciones, como expresión de un estado de ánimo negativo frente a la destrucción de la Gran Guerra. Fruto del desencanto personal ante la política absurda de los países beligerantes, Duchamp, lo mismo que otros artistas dadaístas, toma como modelo el lema de Bakunin que, en el campo artístico defendió la teoría de que “la destrucción también es creación”.
Duchamp defiende que es necesario “desaprender” a pintar y difunde sus teorías del “ready made”, es decir dar a conocer los objetos encontrados, objetos corrientes y vulgares, elevándolos a la categoría de los objetos artísticos por propia voluntad. Utiliza objetos cotidianos, como botelleros, urinarios, chocolateras, etc., para descontextualizarlos y elevarlos a categoría de obra de obra de arte. En la obra escultórica llamada “La fuente”, nos presenta un urinario del revés, un objeto utilitario cotidiano, cuya peculiaridad es colocarlo en un contexto especial, en un museo. Supone una clara ruptura con el arte tradicional, en clara sintonía con sus teorías irracionalistas.
Cuando en 1917, Duchamp presentó en el Primer Salón de los Independientes de Nueva York su urinario de loza bien colocado al revés, consiguió crear un emblema histórico, pues muchos artistas surrealistas posteriores, empezaron su carrera imitando este tipo de acciones de ready made, buscando al igual que Duchamp provocar un escándalo entre los espectadores. En realidad, el artista, no crea un estilo, sino que adopta una actitud espiritual, aunque no debemos olvidar que en su afán por llamar la atención y provocar, llego a poner bigotes a la Gioconda de Da Vinci. Tal vez el valor que el movimiento aporta a la historia del arte es el cuestionarse qué es el arte en todo momento, haciendo que el artista constantemente se replantee este aspecto, interrogándose a sí mismo y al resto de la sociedad. Gran parte de lo que el arte actual tiene de provocación viene de dadá, la mezcla de géneros y materias propias del collage también deben mucho a dadá. La diferencia fundamental estriba en que el arte actual se toma en serio a sí mismo, mientras que el dadaísmo nunca olvidó el humor.
VI. Abstracción
El objeto había sido sometido en la pintura del s. XX a toda suerte de experimentos: reducido a color en el Fauvismo, geometrizado en el Cubismo, distorsionado en el expresionismo, vibrado dinámicamente en el Futurismo, soñado en el Surrealismo; ahora el arte abstracto se procede definitivamente a su eliminación. El lienzo se transforma en un grito, en lago inarticulado e incomprensible que para algunos responde a la raíz destructiva de la sociedad moderna.
La abstracción se aparta de la realidad en la representación de la imaginería en el arte. Este distanciamiento de una representación exacta puede ser sólo ligera, parcial o completa. La abstracción existe con cierta graduación. Incluso el arte que pretende verosimilitud del más alto grado puede ser abstracto, al menos en teoría, pues la representación perfecta es extremadamente improbable. La obra de arte que se toma libertades, alterando por ejemplo el color y la forma de maneras evidentes, puede decirse que en parte es abstracta. La abstracción total no conserva ninguna traza de referencia a nada reconocible. El arte figurativo y la abstracción total son casi mutuamente excluyentes. Pero el arte figurativo y el representativo (o realista) a menudo contiene algo de abstracción parcial.
Pero la abstracción pura, en la que no hay referencia alguna a realidades naturales, surgió alrededor de 1910, como reacción al realismo, e influido por la aparición de la fotografía que provocó la crisis del arte figurativo. Es una de las manifestaciones más significativas del arte del siglo XX. Este lenguaje se elaboró a partir de las experiencias de vanguardia precedentes. Por un lado, el fauvismo y el expresionismo liberaron el color, lo que derivó hacia la abstracción lírica o informalismo. Otra vía fue la del cubismo, que hizo hincapié en la conceptualización de la forma y de la composición, lo que llevó a otro tipo de abstracción, las diferentes abstracciones geométricas y constructivas. Tanto la abstracción geométrica como la abstracción lírica son a menudo totalmente abstractas. Por lo tanto, ya desde sus comienzos, el arte abstracto ha tendido hacia dos polos: uno, cuyos orígenes se remontan al fauvismo, es libre y lírico; el otro, inspirándose más en el cubismo, es rigurosamente geométrico.
El concepto de arte abstracto designa una serie de tendencias en pintura, escultura y artes gráficas, que rechazan la copia o la imitación de todo modelo exterior a la conciencia del artista. Se entiende por arte abstracto aquel que prescinde de toda figuración (espacio real, objetos, paisajes, figuras, seres animados e incluso formas geométricas si se representan como objetos reales, con iluminación y perspectiva); según esta acepción, una obra abstracta no puede hacer referencia a algo exterior a la obra en sí misma, sino que propone una nueva realidad distinta a la natural.
El propósito de los artistas abstractos es prescindir de todos los elementos figurativos para concentrar la fuerza expresiva en formas y colores que no ofrezcan relación con la realidad visual. La obra se convierte en una realidad autónoma, sin conexión con la naturaleza, y por tanto ya no representa hombres, paisajes, casas, flores, sino simplemente combinaciones de colores que intentan expresar con un lenguaje sin formas, como el de la música, la necesidad interior. El color se ordena libremente, a impulsos de la inspiración.
V. Kandinsky y P. Klee son considerados los padres de la pintura no figurativa, y les siguen otros autores llamados neoplasticistas que reducen la abstracción a representaciones geométricas de colores delimitados por franjas negras, llegando a representar en la madurez a eliminar todo rasgo concreto de un objeto visible, comenzando el cuadro por una idea intelectual.
Un siguiente paso será la utilización de otros materiales tales como sacos, metal, arena, para dar al lienzo una realidad tridimensional, que muchos interpretan como una desesperación por el presente industrial y una nostalgia por lo natural.
La abstracción pura se enfrentó, y se enfrenta, a la incomprensión de la sociedad mucho más que los más radicales provocadores, y es que no tenía referentes históricos, era algo totalmente nuevo y opuesto al concepto de arte surgido en el Renacimiento, e incluso en la Antigüedad clásica. Se trata de un movimiento que simplifica las formas hasta perderlas, y quedarse en el color y las formas más puras. Incluso se va a prescindir del título, para que no haya referencias con la realidad. La obra de arte debe ser bella por sí misma, como objeto. El concepto de belleza y de obra de arte ha cambiado definitivamente.
A pesar de la reticencia inicial, el arte abstracto triunfa definitivamente después de la segunda guerra mundial y hoy forma parte de la iconografía habitual, aunque de manera disfrazada.
VII. Surrealismo (Francia / 1924-1940)
Es una de las vanguardias (o ismos) de los primeros años del siglo XX, un poco posterior a las demás, y comprende múltiples manifestaciones artísticas y culturales, puesto que en la literatura lo practican autores como Paul Eluard o Louis Aragon, en el cine directores como Luis Buñuel, y también impregna la moda, el teatro, la publicidad, etc.
En la Historia del Arte se encuentran antecedentes del surrealismo o actitudes estéticas precursoras de este, en artistas como El Bosco, Blake o Goya, que tienen en común el rechazo a la lógica y a la razón, al tiempo que recrean un mundo imaginario y fantástico, donde las imágenes parecen surgir del mundo irracional y absurdo de los sueños, en los que todo tipo de asociación, figura y forma es posible. Pese a estos antecedentes, el surrealismo como movimiento de vanguardia, surge a partir del “Manifiesto Surrealista” de Andre Breton en el año 1924, el cual nació de la urgencia de construir positivamente a partir del total negativismo del Dadá. Muchos autores tratan al Dadá y al Surrealismo, como un solo movimiento. Su período más floreciente fue el de 1924 a 1928.
Pero el Surrealismo, más influenciado por las teorías de Sigmund Freud, puede calificarse como el arte de la fantasía, del inconsciente y de los sueños. Los surrealistas perseguían una más amplia exploración de la realidad mediante los aportes del instinto, e insistieron en que el automatismo era el medio más apropiado para llegar al inconsciente y revelarlo. En esta búsqueda inventaron el "Cadáver Exquisito" (poema o pintura realizada colectivamente en la que ninguno de los artistas veía lo que habían hecho los demás), y Max Ernst desarrolló la técnica del "frottage" (efecto conseguido por las rozaduras de unas superficies contra otras) sumado a otras técnicas como el collage y la decalcomanía. En ocasiones utilizan profusamente un tipo de perspectiva, conocida como la perspectiva cónica, que exacerba la sensación de lejanía y permite plasmar horizontes muy lejanos, como ocurre en la obra de De Chirico, por ejemplo. Otro de los elementos favoritos de muchos artistas del movimiento es el jugar con imágenes de doble sentido, como ocurre con Salvador Dalí o Rene Magritte, fundamentalmente.
La pintura surrealista puede tomar las más variadas formas, pero en ellas es siempre identificable una aproximación irracional y la presentación de misteriosas figuras, en ocasiones ejecutadas meticulosamente y en ocasiones presentadas a través de formas casi abstractas.
Para explicar sociológicamente el surrealismo se alude a la misma realidad de la guerra que provoca una crisis en las conciencias europeas, lo que incita a una parte de los individuos de la época a cuestionarse la realidad existente. A esto, hay que unir las teorías de Freud sobre el subconsciente y el psicoanálisis y su relación con la personalidad humana. A Breton se le ocurrió que las ensoñaciones y las asociaciones verbales automáticas podían ser también métodos de creación estética. Así el surrealismo trata de plasmar el mundo de los sueños y de los fenómenos soterrados por la consciencia y la razón.
Dentro de las artes plásticas, no es un movimiento unitario, ya que cada pintor sigue una vía personal, pese a lo cual los artistas surrealistas tienen en común una serie de características, como es el rechazo a la lógica racional, la preocupación por lo onírico, el subconsciente y lo fantástico, las referencias eróticas, el usar una temática que desborda los límites de la realidad (animando lo inanimado, captando las metamorfosis, representando maquinas fantásticas, usando símbolos, etc.) y el recurso a la desorientación, ya que los objetos carecen de su significado convencional.
Dentro del surrealismo destacan dos variantes, el Surrealismo Figurativo, cuyo máximo representante fue Salvador Dalí, aunque también lo ejercieron pintores como Magritte, Max Ernst, Tanguy y De Chirico, y el Surrealismo Abstracto, representado por Joan Miró, Masson o Klee.
El Surrealismo, libró a la pintura de su larga sumisión a la imagen realista y del concepto de espacio heredado del Renacimiento, dándole rienda suelta al artista para expresar sus sentimientos e impulsos más íntimos. Influido por el psicoanálisis de Freud y las doctrinas revolucionarias de la época, el surrealismo supo dar cauce a vagos impulsos renovadores latentes en la intelectualidad surgida de la primera posguerra.